Caperucita infográfica


Slagsmålsklubben - Sponsored by destiny from Tomas Nilsson on Vimeo.

El tiempo de los muchachos



Me pregunto si alguna vez he estado “bien” de pasta desde que me dedico a esto del garabateo audiovisual; para algunos quizá sí, pero para los guionistas no suele ser así. El audiovisual está lastrado desde hace años a una molesta rémora que podemos llamar “financiación en los previos”. Como en las relaciones sexuales satisfactorias, hace falta algo de cariño antes del acto, y eso en el guionista no se consigue con amor o caricias, sino con billetes. Suena duro, pero como usted necesita unos euros para pagar los sugus de sus hijos, nosotros, los guionistas también necesitamos dinero para sobrevivir, o incluso a veces para vivir.

No todos, pero una mayoría de los productores de este país –quiero creer que no es así en el resto del planeta- espera a tener la financiación para abonar el trabajo del guionista, surgiendo la mal entendida picaresca española; aquella que algunos ven con ojos de “el chaval este me escribe guiones gratis y así le doy una oportunidad de puta madre y si sale… ya le pagaré” cuando realmente se está cometiendo, además de un abuso, un delito. Porque los guionistas somos, en la mayoría de los casos, gente fácilmente emocionable y algo soñadores, presa fácil para los que aparcan los escrúpulos porque es “lo que toca”. Se fuerza así al guionista neófito –y al no tanto- a la precariedad y en consecuencia a la no profesionalización, ya que sale uno de cada muchos proyectos que escribes, y eso con suerte. Y a la hora de cobrar, si es que llega el momento, pueden llegar los temibles pagarés a seis meses...

Al igual que existen ayudas públicas a la innovación para industria, deberían funcionar otras, desconozco si las tendría que convocar el Ministerio de Cultura o el de Industria, para los creadores de formatos en las productoras. Pero contratados en plantilla, no de encargos esporádicos. Con un trabajo diario de creación que nutra a las productoras de proyectos más acabados y mejores, más competitivos a nivel nacional, europeo y hasta ¿por qué no?, mundial. Pero quizá si hacemos eso, los productores nunca serían productores, sino meros intermediarios entre los autores y las administraciones públicas, ya que ellos no producirán, porque que para producir, ¿no había que invertir?.

Pero, según dicen, no es tiempo a día de hoy para pedir dinero a nadie. Y menos si eres guionista y escribes casi por impulso, no por obligación. Porque ser guionista es algo vocacional, como ser cura, torero o cirujano cardiovascular. Un impulso natural que quizá nos debería valer para saltarnos la barrera y convertirnos nosotros, los autores, en productores de nuestras propias ideas. Porque estamos en el tiempo correcto y, obamizando el tema, el mundo ha cambiado y nosotros tenemos que cambiar con él. Una cámara es barata, Internet tiene todo el mundo y esto se mueve cada vez más rápido. Hay sitios nuevos para todos, incluso para nosotros. La fiesta acaba de empezar. Venga muchachos hagámoslo. Nosotros tenemos la materia prima.

De colores

Los últimos de Filipinas

Estamos viviendo un punto en el que todo puede hacer "crack" como un barquillo entre los dientes de un monete. Musicalmente hablando, quiero decir.

Lo del Spotify es sólo el principio. Luego vendrá la opción en la que puedas bajarte los temas desde la misma página, los coches con Spotify vía satélite y hasta los váteres con Spotify. Así y con la velocidad necesaria para no darnos cuenta, desaparecerán los cds, las estanterías para cds y los reproductores de cds se venderán sólo en e-bay para frikis nostálgicos.



Por unos años, quizás décadas, seguirán existiendo esa raza -felices bobos sentimentaloides- que preferirán continuar comprándose cds. Incluso vinilos de esos que reeditan para sacar los cuartos a los renovados fans del revival. Pero miro a mis sobrinas, niñas felices que bailan "Susanita tiene un ratón" desde los altavoces del programa y creo que nunca van a echar de menos los cds. Y los vinilos ni te cuento. Porque no van a crecer con esa necesidad.

Somos testigos de un zeigeist de tomo y lomo.

Vomitón

Aquí mi capítulo preferido de "Búscate la vida" (Get a Life), una de las series más oligofrénicas de los primeros noventa; la echaban en canal+ cuando no necesitabas parabólica para ver a Polanco, valía 100 pesetas al día y salía la tía buena esa con aspecto de profesora de ballet sosa diciéndote "abónate". Y el pornete era en codificado.

Vomitón es un extraterrestre. Se estrella con su ovni en el porche de casa de Cris el protagonista supraimbécil y este no tiene mejor idea que adoptarlo. El parecido con ET es pura coincidencia. El resto, obra magna de la mongolez más delirante alcanza cumbres dadás, como cuando en el minuto 9:20 Vomitón se enfrenta al mismísimo Juan Pablo the Second.


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Déjese el seso en casa, por favor.

Sad song

Calatrava también es chanante

Gràcies a Ramir per el Link!!

Me flipan las palmeras



Desde siempre. O quizá porque le flipan a mi hermano mayor, Angresola, y uno -yo- crecí como canta Serrat imitando a mi hermano mayor.

Desde ayer estoy en Figuig, Marruecos, en la frontera con Argelia. Es la última parada de mis viajes que por curro he tenido que hacer. En un mes y medio Madagascar, Indonesia y ahora Marruecos

Pero no estoy cansado; las palmeras aqui parecen acariciar el cielo con cierta pereza, la gente es guay y el kifi es gratis.

Viva Mohammed VI

¿Es David Bowie el culpable de la crisis?

Copio y pego un post del gran webblog de Darío Manrique.

Eso se preguntaba el Mirror inglés hace unos días (y el amigo Oswaldo Cornelius se hacía también eco de ello). No sé si habrá algo de cierto, pero el ejemplo de Bowie me ha servido al menos a mí para entender un poco más -que no mucho- el jaleo de las hipotecas subprime y demás zarandajas.



Recuerdo haber escuchado algo de ello cuando se anunció: resulta que en 1997 a David Bowie se le ocurrió vender bonos basados en los royalties por venir de sus discos, ingresos que a buen seguro iban a ir llegando poco a poco en el futuro, derivados de la venta de sus discos, nuevos o antiguos. De esa manera, Bowie tendría todo el dinero de una vez, en lugar de estar esperando pagos periódicos. A eso, me cuentan, se le llama titulización. Según el Mirror, los bancos se lanzaron tiempo después a hacer lo mismo (dudo que fuera siguiendo el ejemplo de Bowie, pero quién sabe), pero en su caso con derechos de cobro de hipotecas, por ejemplo: hacían un paquete con una cantidad de esas hipotecas y lo vendían a inversores o fondos de pensiones, poniendo como garantía que esos hipotecados iban a pagar religiosamente sus cuotas en los siguientes 25 años. El problema llegó cuando esos agobiados propietarios norteamericanos no pudieron apoquinar sus letras. Así que Bowie tiene la culpa de la crisis, ahí donde le ves...

En noticias más actuales, parece ser que Bowie está en Berlín grabando lo que será su nuevo disco, primero desde el Reality (2003) y desde sus graves problemas de salud. Además, se rumorea que los organizadores del gigantesco festival norteamericano de Coachella quieren que este año David Bowie acuda a tocar íntegro esa maravilla que es The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars. Hmmm, molaría... Los más atrevidos -o los que no se han visto afectados por la crisis que Bowie ha hecho caer sobre nuestras cabezas- ya pueden ir comprando billetes de avión con destino a Los Ángeles para el 17 de abril, fecha en la que comenzará Coachella.


Bowie dice: Salta

YES, WE JARL

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