Los últimos de Filipinas

Estamos viviendo un punto en el que todo puede hacer "crack" como un barquillo entre los dientes de un monete. Musicalmente hablando, quiero decir.

Lo del Spotify es sólo el principio. Luego vendrá la opción en la que puedas bajarte los temas desde la misma página, los coches con Spotify vía satélite y hasta los váteres con Spotify. Así y con la velocidad necesaria para no darnos cuenta, desaparecerán los cds, las estanterías para cds y los reproductores de cds se venderán sólo en e-bay para frikis nostálgicos.



Por unos años, quizás décadas, seguirán existiendo esa raza -felices bobos sentimentaloides- que preferirán continuar comprándose cds. Incluso vinilos de esos que reeditan para sacar los cuartos a los renovados fans del revival. Pero miro a mis sobrinas, niñas felices que bailan "Susanita tiene un ratón" desde los altavoces del programa y creo que nunca van a echar de menos los cds. Y los vinilos ni te cuento. Porque no van a crecer con esa necesidad.

Somos testigos de un zeigeist de tomo y lomo.
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