Una de los Barón

Tras un riff de guitarra y un gong que dejaría temblando a los timbaleros mayores de Amenofis IV, empieza la cortante y afiladala melodía de "Los roqueros van al infierno", probablemente uno de los mejores y más brutales temazos de los Barón Rojo.



Pero yo soy de esos cobardes de los que nunca llegaron a ser chevis de verdad, cómo mucho un discreto parche o una camiseta de los Guns, también me compré el Kerrang alguna vez, me grababa decenas de cintas de coleguitas del metal, pero nunca pasé la raya de identificarme visiblemente como chevi. Nunca tuve el valor de convertirme en metalero estricto, de esos que lo llevan en las mayas poryparasiempre.

Pero este latigazo metálico de los Barón pertenece al verdadero chevy, ese que se esconde dentro de la cueva de los Goonies en versión Betamax pirata. Un chevi de barrio, de pantalón elástico y culo carpeta, de melena grasosa, de eructo con revuelvo de Mahou cinco estrellas y corazones enormes.

Porque los chevis de barrio siempre fueron buena gente.
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